ORÍGENES DEL CRISTIANISMO EN EGIPTO

Egipto y el cristianismo.

Egipto, que aparece muchas veces en la Biblia (Abraham, José -el hebreo que resolvió el acertijo de los años de vacas gordas y flacas al faraón-, Jacob, Moisés, Aarón…), no podía ser solamente el lugar de refugio para un Jesús perseguido. Concomitantemente recibiría las energías y el conocimiento de los centros de poder situados a lo largo del Nilo, tomando consciencia del saber de sus antepasados en el escenario de los orígenes de su pueblo.

La Tabla de Esmeralda (El Kybalion), obra cumbre del ocultismo universal, que proviene de un documento no localizado, escrito con un alfabeto desconocido pero parecido a la antigua escritura fenicia y que -depende de la fuente consultada- data de 1.200  a 36.000 años, cuyo contenido ha sobrevivido el paso del tiempo dejando su marca en varias esferas del conocimiento y en personalidades de la talla de Isaac Newton o Carl Gustav Jung.

En Alejandría, heredera en cierto modo de la Antigua Grecia y el Antiguo Egipto, pudo gestarse el pensamiento dominante de los últimos dos mil años. Su fundador, 300 años antes del nacimiento de Jesús, Alejandro Magno murió sin descendencia, por lo que su imperio se dividió entre sus generales, correspondiendo a Ptolomeo el país de las pirámides. Con ello se creó un sincretismo entre los antiguos dioses egipcios y los helénicos. Toth pasó a ser Hermes, y dio origen al famoso libro La Tabla Esmeralda* (El Kybalion), e Imhotep, dios de la medicina, fue asimilado con Asclepios. Surgieron nuevos dioses como el adorado Serapis, dios creado a partir del dios egipcio Asar-Hapis (Osiris-Apis), que pasó a ser el esposo de Isis, cuyo culto se desarrolló por todo el Mediterráneo. La adoración a Isis llevó consigo la celebración del nacimiento de Horus, conocido como Harpócrates por los griegos e identificado con Apolo y el Sol Invictus, después por los romanos.

Tras la muerte de Cleopatra VII (30 a.C.), quien fue una alta sacerdotisa de Isis, finaliza la última dinastía faraónica y Egipto se convertiría en una provincia romana. En Alejandría, capital cultural de Egipto, se fue desarrollando un culto común en la creencia de que la inmortalidad se conseguía gracias a la iniciación de un “Hijo de Dios muerto y resucitado”, en donde la muerte y el renacimiento era simbolizado por el nacimiento de Horus. El Adonis fenicio, el Attis frigio, el Osiris Egipcio, el Serapis alejandrino. Los romanos habían importado del Oriente Próximo el culto de Mitra, “Hijo de Dios muerto y resucitado”, cuyo cumpleaños se celebraba el 25 de diciembre.

En este escenario de creencias aparece en Alejandría (La Jerusalén egipcia) el cristianismo. La fecha del nacimiento de Mitra fue adoptada por los primeros cristianos como fecha del nacimiento de Jesús, hecho asociado a la señal en el cielo que marcaba una estrella de oriente.

Tabla esmeralda. Dicen que estaba escrita en esmeralda, cristal o roca verde. Así se la imaginó en el siglo XVII el físico, alquimista y filósofo hermético alemán Heinrich Khunrath.

El día 25 de diciembre se produce el solsticio de invierno; es el momento en el que en el hemisferio norte el día es más corto y la noche más larga. Pero a partir de este momento el día comienza a crecer y por ello este día se celebraba el “dies natalis invicti solis”, “el día del nacimiento del sol invencible”. Ese dios es el dios Mitra. (Mitra es un dios persa con al menos 4.000 años de existencia. Anterior a la separación de indos y persas, porque este dios existe en el panteón védico de la India y existe en la religión medo-persa, desarrollando luego una evolución diferente. En la India se diluyó, se acentuó en Persia y fue preponderante en los misterios de época romana. Su primitivo libro sagrado es el Avesta).

Curiosamente, el único de los discípulos de Cristo que visitó Egipto fue Marcos, mientras que el único que habla de Egipto en los evangelios es Mateo. Si bien, la explicación esotérica dice que mientras Mateo configuraba las normas, Marcos –padre de la Iglesia Copta- ofrecía un cristianismo que fue acogido por las corrientes gnósticas.

El caduceo fue un regalo de Apolo a Hermes y parece que HermesTrismegisto siempre llevaba uno.

Hay expertos que  aseguran que el evangelio de Mateo bien pudo escribirse  en la Alejandría de los años 40 hasta 80 d.C. por personas con el conocimiento de la  astronomía heredado de los antiguos egipcios. En aquel tiempo, en la noche del 25 de diciembre se podía ver ascender por el horizonte las tres estrellas del cinturón de Orión, los tres “reyes”, que antecedían la salida de la estrella de oriente, Sirio. Esta simbolizaba antiguamente a Isis (de la que nació Horus), que se transformó en época cristiana en la Virgen que daba luz al niño Jesús. Las tres estrellas se convertirían en la tradición en los Reyes Magos de Oriente.

Hermes Trismegisto, el gran iniciado.

Por el efecto de la precesión de los equinoccios, la estrella Sirio permanece 72 días al año bajo el horizonte, por lo que no se puede ver. Después de este periodo la estrella vuelve a verse, momento en que se conmemoraba en el Antiguo Egipto el año nuevo. La simbología era la del nacimiento del Horus divino desde el vientre de su madre Isis, representada por dicha estrella. El acontecimiento astronómico varía 8,5 días cada 1000 años. Actualmente el orto helíaco de Sirio se produce el día 5 de agosto, mientras que en la época de Jesús el hecho se producía el 19 de julio. Es por ello que cuando los romanos cambiaron su calendario lunar a otro solar, de la mano del astrónomo alejandrino Sosígenes, se nombró al mes de salida de la estrella de Sirio con el nombre de Julio César, calendario “juliano”, dando continuidad a la forma de medir el tiempo de  los egipcios durante 3.300 años.

“Como es encima es abajo; como abajo es encima.“

El mito del nacimiento de Horus, de la virgen Isis, tenía por tanto continuidad en la liturgia cristiana, ideas tradicionalmente aceptadas que favorecieron la expansión del cristianismo en tierras egipcias. Un concepto de muerte y resurrección que ha llegado hasta nuestros días ya que, por azares del destino o por causalidades misteriosas, en la noche del 31 de diciembre del año 1999, cuando el mundo esperaba la entrada del tercer milenio, Sirio marcaba su culminación en el meridiano. Momento en que si la Gran Pirámide hubiera contado con el piramidón dorado sobre su cúspide, se podría haber visto, mirando desde la cara norte del monumento, a Sirio colocado sobre la cúspide, alineado correctamente con el canal sur de ventilación de la cámara de la Reina.

Hermes-Mercurius-Trismegistus. Hermes Trismegisto, el tres veces grande, mosaido en la Catdral de Siena (Italia).

Concomitantemente, cuando en marzo del año 415 los cristianos enardecidos por el patriarca de Alejandría asesinaron a Hipatia, no sólo acabaron con la mujer más notable de la Antigüedad, sino que obligaron a los herederos de la filosofía griega, a los seguidores de Horus, a ocultar su manera de entender el mundo.

Hasta el nacimiento del cristianismo todos los adeptos a las diferentes liturgias debían pasar por algún tipo de iniciación. El cristianismo rompió esa tradición ya que para pertenecer al grupo sólo se debía profesar la creencia como acto de fe. Fue entonces cuando se produjo la separación entre los que, como los antiguos egipcios, el conocimiento era el camino hacia la iluminación, y los que dejaban en manos de la incipiente Iglesia su salvación.

Geometría Sagrada.

 

Francisco Lara