LUZES DO EQUADOR (Siegbert Franklin) en la Biblioteca de Alejandría (EGIPTO)

Desde el más profundo agradecimiento a todos los que hicieron posible la acogida y presentación en la Biblioteca de Alejandría del recientemente publicado Diccionario Ilustrado de la Joyería, de la Historiadora Mª Teresa Jiménez,  que vio la luz en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid (1752) el 18 de enero de 2018, escribo este texto.

Aprovechando la ocasión de la Conferencia “The Egypcian Treasuresin The Ilustrated Diccionary” que fuimos invitados a ofrecer el 13 de marzo pasado, en el magnífico Auditorio de la Biblioteca, con traducción simultánea al árabe,  la dirección de la misma organizó un precioso acto de donación del propio Diccionario y de varios lotes de libros. Lo que fue puntualmente divulgado en los medios de comunicación. Sin embargo, quiero usar la ocasión para ampliar la información sobre los distintos libros ofrecidos y, de alguna forma, tanto reconocer a algunas personas como divulgar el contenido de los mismos.

 De izquierda a derecha,  Dr. Mostafa Elfeky (Director Bibliotheca Alexandrina), Hamdi Zaki (ex-Consejro de Turismo de la Embajada de Egipto en Madrid), Francisco Lara y Rania Kalawy (Jefa de la Biblioteca de Arte y Multimedia).

Conocí a a Siegbert Franklin (Fortaleza, 1957- Riberão Preto,  2011), nieto de indios e ingleses,  en Barcelona, en 2008, cuando administrábamos la Galería de Arte Pau d’Arara. Al año siguiente, en Fortaleza comenzamos la producción de un proyecto que nos llevaría a realizar varias exposiciones en la Península Ibérica, en noviembre de 2009 en el Cercle Artistic de Barcelona y en el año siguiente en el Edificio Miramar del Ayuntamiento de Sitges, en la galería Ágora de la misma ciudad y en el Espacio de Arte Antonio Pérez (Centro San José) de la Diputación de Guadalajara.  Recuperando un proyecto en el que Siegbert venía trabajando desde 1978: “luZes do eQuador . Cuando  realizara su primera exposición de la serie en el Centro de Cultura Germánica de la Universidad Federal de Fortaleza (Brasil), que más  tarde expondría en el prestigioso MASP (Museo de Arte de São Paulo). No podíamos imaginar que serían sus últimas exposiciones en el exterior, pues Siegbert Franklin murió el 23 de julio de 2011, a la edad de 54 años.

El encuentro entre la civilización indígena y la nuestra es el tema central de la muestra. Imágenes del día a día de las comunidades indígenas, frente a otras cotidianas de nuestra civilización, que nos remiten  valorar cuestiones de educación ambiental y preocupación ecológica, entre otros muchos aspectos.

Los dibujos que presenta son un contrapunto al rigor de la máquina; tal vez una tentativa de polarizar los dos sentidos que subyacen en  la muestra, el tecnológico frente al gesto más natural, el trazo, sin más recurso que el papel y  la línea. El autor afirma que  no tiene la pretensión de discutir el soporte como medio de expresión,   su intención es apenas realizar un ejercicio de su pleno lenguaje plástico que es sin duda el dibujo. Las obras son un especie de hilván entre el dibujo, el ordenador y su trabajo de últimos 15 años, como técnica mixta que son, en ellas usa todos los recursos que van desde la más simple línea del dibujo al uso de la materia, sea a modo de collage, veladuras u otras técnicas.

La exposición  es un homenaje a Orlando y Cláudio Villas Bôas, de los que Siegbert dice poéticamente “me iluminaron en la búsqueda de estas Luces que brillan aunque tenuemente bajo la línea del Ecuador”.

El propio Orlando Villas Bôas, que visitó la exposición luZes do eQuador en Sao Paulo, escribía en 1999 sobre Siegbert: “…crea un recuerdo del momento psicológico de la Santa Cena, donde la figura  presente del redentor es sustituida por un indio. En la primera, Jesús se despide y perdona, en la segunda, el indio, aunque no sabiendo lo que viene a ser perdón, entrega el destino de su gente a la saña conquistadora de los nuevos dueños de la tierra.”

 En palabras del artista brasileño Bené Forteles, “Siegbert reinventa la historia de dos civilizaciones contraponiendo sus valores y asumiendo una posición crítica sobre el comportamiento de una, en detrimento de otra. Así, la pureza de la cultura del indio en sus destinos y vivencias es comparada a la fragilidad y a la opresión de la nuestra, basada en el exterminio de nuestros propios semejantes y de aquellos que representan todavía la última hipótesis de la verdadera harmonía del ser humano en la naturaleza: el indígena.”

 El título de la exposición, fue elegido por el autor en un sentido mitad místico, mitad chamánico. Una de las imágenes más simbólicas de la exposición es la representación de la evolución, Siegbert coloca un soldado americano con un pedazo de ser humano, en la guerra de Vietnan, tratándose de una foto que ganó diversos premios, y la fotografía de un indio sosteniendo algunos peces. Organizando la evolución de forma invertida. Aunque el autor reconoce que el conocimiento tecnológico invalida la posibilidad de volver atrás, considera que los valores culturales indígenas deberían ser repensados y remirados, con una visión más sutil.

Siegbert cuenta como se apropió de las imágenes indígenas, interesado por las mismas pero sin tener referencia de quienes eran fotografiados en las ellas. Y como Orlando Villas Boas al visitar su exposición se emocionó hasta la lágrima y le contó que aquellas personas eran íntimas para él y que el indio colocado en el lugar de Jesús, mediante collage, era Tacumá, el Chamán más importante del Alto de Xingú. Lo que el autor desconocía.

Otra obra muestra la construcción de una taba indígena, en su opuesto contrasta la construcción de un centro empresarial en una ciudad. Mientras el indio construye en armonía con la naturaleza, el hombre llamado civilizado construye destruyendo la naturaleza, menospreciando el paisaje en función de los logros. Continuando con otra serie de ejemplos de formas de comportamiento y costumbres de culturas diferentes, en la que una devora a la otra sin piedad.

Así mismo, en palabras de Bené Forteles, “Siegbert traza un paralelo que nos parece a veces violento, pero que, por su forma, cada vez más habitual, la descaracterización  y aculturación del indio se procesa sin el derecho de vivir dentro de su verdad ecológica, y sí entre abusos y falta de respeto a la misma. …El indio es un ejemplo de luz, de claridad, por eso, luZes do eQuador es una propuesta de ensanchar esta luz, denunciando las tinieblas que vienen del mal espíritu de los que aún no creen y ni siquiera conocen la intimidad de la naturaleza.”

En definitiva,  una buena ocasión para reflexionar sobre nuestro papel como ciudadanos, responsables en muchos casos si no por acción seguro que por omisión, de la evolución de esta cultura clasista y materialista ejemplo de violencia; no solo física, sino que despliega  toda una gama de violencias que van desde la racial, religiosa, sexual…a la económica  que es la que subyace tras las otras formas y  que de nuestra cultura, adalid de los derechos humanos, más difícil será extirpar.

Vivimos un momento histórico de transformaciones graves y cada vez más aceleradas. Un mundo en crisis genera el cambio global, con altas cotas de azar e incertidumbre. Ni siquiera un colapso socio-ecológico de dimensiones mundiales está excluido. Atravesamos una problemática que es ecológica, pero también política, económica, cultural y social; y que afecta directamente al bienestar humano. Los modelos de desarrollo inadecuados son en gran parte causantes de esta crisis: nos corresponde ser artífices de las soluciones. Se está viendo mermada la diversidad biológica y cultural que constituye la garantía más firme de nuestras perspectivas de futuro: las lenguas y las palabras desaparecen incluso a un ritmo superior a la extinción de especies.

luZes do eQuador” pretende facilitar la reflexión sobre la actual coyuntura, siendo su temática,  ahora más que nunca, cabecera de la actualidad. ¿Qué puede aportar la creación artística a la construcción de esta nueva mirada?

Afrontar el cambio requiere de miradas creativas que nos permitan interpretar lo que vemos y reconstruir los lazos que unen a las personas entre sí y con la naturaleza.  Las nuevas ópticas se nutren de visiones científicas y artísticas complementarias, capaces de mostrar y alumbrar nuevos esquemas de pensamiento mestizo que nos enseñen a vivir enraizados en la tierra, respetándola y pisando ligeramente sobre ella.

Seguimos sin afrontar el conflicto básico entre finitud de la biosfera y nuestros sistemas socio-económicos en expansión continua, impulsados por la dinámica de la acumulación del capital. Estamos ante la crisis de la codicia, el resultado acelerado del gobierno de lo individual frente a lo colectivo.

Es necesario trabajar con la memoria y los saberes de los pueblos. Desde ellos, imaginar un futuro diferente será el primer paso para construirlo. La consciencia de nuestra ignorancia es importante, porque nos indica lo que no sabemos y nos obliga a aprender desde la incertidumbre. Aprender haciendo, hacer aprendiendo, supone no alterar irreversiblemente la dinámica de la vida natural y social.

Las personas podemos recuperar desde el arte el valor intrínseco de la vida, los bienes comunes, los nexos de reciprocidad, la gratuidad de los intercambios, las múltiples formas de resolver problemas sin pasar por el mercado… Todas las culturas tradicionales saben que demasiado de lo bueno puede convertirse en malo: pero a la cultura occidental, aquejada de tecnolatría y mercadolatría, le falta ese conocimiento básico.

Unas artes reorientadas hacia la sostenibilidad contribuirían a redescubrir el camino medio, apreciar el tamaño óptimo de cada proyecto y situar el concepto filosófico de  la alteridad en el corazón de nuestra cultura.

                        Saludando al Dr. Mostafa Elfeky (Director Bibliotheca Alexandrina), en el acto de donación.

Alejandría, fundada en la ribera del Mediterráneo,  cerca del delta del Nilo,  por Alejandro Magno (356-323 a. C.) en el año 332 a. C. A 220 km de la capital de la República Árabe de Egipto, El Cairo. Frente a una isla donde se construyó el Faro de Alejandría,  a fines del siglo III a. C.

El  historiador Yaqut Abd Allah al-Hamaui ar-Rumi (1179-1229), menciona que Alejandro el Macedonio fundó trece ciudades a las cuales dió su nombre, aunque solo lo conservaba (en el siglo XIII d. C.) la gran ciudad egipcia.

Su prematura muerte a los 32 años le impidió disfrutar del magnífico urbanismo ideado por Dinócrates de Rodas que se inspiró en las ciudades griegas del siglo V a. C., que convertiría Alejandría en el centro de la cultura del mundo antiguo, durante la dinastía faraónica de los Ptolomeos (305-30 a.C.)

La fundación de la Biblioteca-madre. La palabra griega “bibliotheke” identificaba cualquier estante, anaquel, armario o nicho en la pared que pudiera ser usado para almacenar rollos. Incluso los rollos de papiros se guardaban en cestos y vasijas.

 Ptolomeo I (367-283 a. C.), Soter (el ‘Salvador’), que había sido un importante general de Alejandro, reinó entre 305-285 a. C., iniciando en Egipto una dinastía, de sangre griega, de la cual la famosa Cleopatra seria el ultimo soberano.

Según lo manifiesta el obispo griego san Ireneo (c.130-c.208), Ptolomeo fundó en 297 a. C., en Alejandría, la “Biblioteca-Madre”, en el Bruchión (distrito real), cerca del puerto, que sería conocida como la Primera Biblioteca, y ordeno la construcción del Faro, una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo. Desde entonces, reemplazando simbólicamente a Atenas.

Para diferenciarla de la posterior, surgida unos 50 anos después, será identificada por los especialistas como la Biblioteca-Madre. Ptolomeo II (308-246 a. C.), llamado Filadelfo (‘el que ama a su hermana’), hijo de Ptolomeo Soter, que gobernó en Egipto de 285 a 246 a. C., llevo a cabo el proyecto de su padre construyendo el Faro y el Museo (“institución de las musas”), este ultimo considerado como la primera universidad del mundo en su sentido moderno, y además compró las bibliotecas de Aristóteles y Teofrasto.

Según escribió Plinio el Viejo (23-79 d. C.) en su Historia Natural, a causa de la rivalidad de la Biblioteca de Pérgamo con la Biblioteca de Alejandría, Ptolomeo Filadelfo prohibió la exportación de papiro. Por entonces los manuscritos se escribían sobre láminas de papiros, mientras que en  Pérgamo se invento el pergamino (preparando la piel de cordero, de asno, de potro o de becerro). El pergamino era más resistente que la hoja de papiro y además ofrecía la ventaja que se podía escribir sobre ambos lados.

Por entonces, esta primera biblioteca poseía trece salas de conferencias que podían albergar a cinco mil estudiantes.

Biblioteca universal. Cuando Ptolomeo Soter creó la Biblioteca de Alejandría, siguiendo el modelo de la Biblioteca ateniense de Aristóteles de Estagira (384-322 a. C.), el gran filósofo y preceptor de Alejandro el Grande. La idea inicial era que la Biblioteca contara con una copia de todas las obras escritas en griego, pero después se pensó que era mejor atesorar una copia de toda obra de interés escrita en cualquier idioma; por último, se abandonó el concepto mismo de .obra de interés por el de conseguir un ejemplar de toda obra existente.

La Biblioteca-Hija. Ptolomeo III (ca. 282-222 a. C.), Everguetis (el ‘Benefactor’) será el fundador de la “Biblioteca-Hija” en el Serapeum (templo dedicado a Serapis, una divinidad que era una combinación de Osiris y Apis), en la Acrópolis de la colina de Rakotis, que sumara 700.000 volúmenes según el escritor latino Aulio Gelio (ca. 123-ca. 165 d. C.). Cuando los helenos hablan de volúmenes se referían a rollos de papiros, y cada uno de ellos equivalía a unas 64 páginas actuales, así que se necesitaban muchos para formar un libro. Difícilmente una obra cabía en un solo rollo. (Ricardo H. Elia, Byzantion Nea Hella).

Roma (entre 88 y 44 a. C.) estaba sumida en guerras civiles. Entre 49-46 a. C., entre los partidarios de los triunviros Cneo Pompeyo (106-48 a .C.) y Julio Cesar (100-44 a. C.), mientras, en Egipto, la dinastía ptolemaica estaba en decadencia. Hacia el año 51 a. C., el trono estaba ocupado por una reina de solo 17 anos, Cleopatra VII (69-30 a. C.), cuando Julio César llegó a Alejandría con 4.000 soldados (persiguiendo a Pompeyo, previamente asesinado por los ptolemaicos), durante la conquista de la ciudad incendió la flota alejandrina (72 naves) y el fuego se extendió y destruyó la Biblioteca. (Edward Morgan Forster, 1879-1970). Y más de 40.000 rollos de papiro fueron destruidos.

Parece ser que la Biblioteca mantuvo su actividad durante el periodo de la administración colonial romana, si bien, durante el siglo II y III d. C. la ciudad sufrió nuevos desastres y saqueos, aunque el material salvado de la Biblioteca-Madre será trasladado al edificio del Serapeum, en el sur de la ciudad, e integrado a la Biblioteca-Hija.

En 297, tras una revuelta, Alejandría fue  tomada y saqueada por las tropas de Diocleciano, tras un asedio de ocho meses, y se sabe que Diocleciano ordenó quemar millares de libros relacionados con la alquimia y las ciencias herméticas, para evitar que alguien pusiera en peligro la estabilidad monetaria.

En 330, con la fundación de la nueva capital imperial, Constantinopla, es probable que parte de su contenido fuera incautado por las autoridades imperiales y trasladado a la Nueva Roma.

También un terremoto, en  del 21 de julio de 365,  fue particularmente devastador. Según las fuentes, hubo 50.000 muertos en Alejandría, y el equipo de Franck Goddio del Institut Européen d´Archéologie Sous-Marine, ha encontrado en el fondo de las aguas del puerto cientos de objetos y pedazos de columnas que demuestran que al menos el veinte por ciento de la ciudad de los ptolomeos se hundió en las aguas, incluyendo el enclave de la Biblioteca.

El final de la Bibliotheca Alexandrina. Durante el siglo IV después de la proclamación del cristianismo como la religión oficial del imperio romano, los viejos cristianos de la Tebaida, y los prosélitos, odiaban la Biblioteca porque esta era el último reducto de las ciencias paganas. Paradójico que un siglo antes allí hubiera estudiado y formado cientos de discípulos un filosofo racional, al tiempo que espiritual, como Plotino (205-270), fundador del neoplatonismo. Cuyo aporte sobre la concepción de la realidad universal es su teoría sobre la trinidad: El Uno, el Nous y el Alma.

Durante el reinado del emperador Teodosio I (Imperio de Oriente, 379-392),  según las Crónicas Alejandrinas, un manuscrito del siglo V, fue el Patriarca monofisita de Alejandría, Teófilo (385-412), quién consiguió un edicto del emperador ordenando la demolición de templos paganos, siendo el destructor y saqueador del Serapeum, el complejo que contenía la Biblioteca-Hija, la última biblioteca de la Antigüedad.

 “Agora” (2009), la pelicula de Alejandro Amenábar, basada en la biografía de la filosofa y científica alejandrina Hipatia (ca. 370-ca. 415), hija del matemático Theon Alexandricus (ca. 335-405), ilustra con realismo y veracidad los momentos en que la Biblioteca-Hija es destruida por los fanáticos monofisitas.

Su  destrucción significó la pérdida de aproximadamente el 80% del conocimiento de la  civilización greco-helenística, además de importantes  legados de culturas asiáticas y africanas, lo cual se tradujo en el estancamiento del progreso científico durante más de cuatrocientos años, hasta que finalmente seria reactivado durante la Edad de Oro del Islam (siglos IX-XII) por sabios de la talla de ar-Razi, al- Battani, al-Farabi, Avicena, al-Biruni, al-Haytham, Averroes y tantos otros.

Bibliotheca Alexandrina, recuperada e inaugurada en 2002, (Bioblioteca-Nieta , Hamdi Zaki dixit). 1.600 años después de su desaparición definitiva, la nueva Biblioteca Alejandrina ocupa una superficie de 36.700 m2, proyectada en 1987, fue promovida por la Universidad de Alejandría junto con el gobierno de Egipto y patrocinado por la Unesco (durante el mandato de Federico Mayor Zaragoza, 1987-1999) y el Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas. Su espíritu, conectado con el de la Antigua Biblioteca de Alejandría, conmemora un momento histórico del pensamiento humano, el intento de albergar un summum del conocimiento, reuniendo las escrituras de todos los pueblos. Para hacer posible este proyecto se lanzó una llamada de colaboración a nivel mundial y muchos países (europeos, americanos y árabes, junto a la UNESCO) han contribuido con donaciones de recursos, equipos y volúmenes.

En la actualidad, es la cuarta biblioteca más grande del mundo. Contiene una de las salas de lectura más grandes del planeta, con capacidad para 2.000 personas, 2 millones de libros y capacidad para 5 millones, libros en 80 idiomas (entre los que destacan árabe, inglés y francés). A partir de ahora, también Luzes do Equador de Siegbert Franklin, en  español. 

Francisco Lara Mora

 

2 comentarios sobre “LUZES DO EQUADOR (Siegbert Franklin) en la Biblioteca de Alejandría (EGIPTO)”

  1. Paco, excelentes articulos rebosantes de esa sensibilidad que une extremos opuestos de sabidurias milenarias con el devenir actual.
    Enhorabuena!

    1. Querido amigo, normalmente tengo reparos a la hora de que se publique ese tipo de inmerecido comentario. Pero en este caso ¿Cómo no aceptarlo de alguien que nació el 19 de junio de 1962?

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