OLHARES (miradas) de Roberto Galvão en la BIBLIOTHECA ALEXANDRINA (EGIPTO)

Desde el más profundo agradecimiento a todos los que hicieron posible la acogida y presentación en la Biblioteca de Alejandría del recientemente publicado Diccionario Ilustrado de la Joyería, de la Historiadora Mª Teresa Jiménez,  que vio la luz en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid (1752) el 18 de enero de 2018, escribo este texto.

Aprovechando la ocasión de la Conferencia “The Egypcian Treasuresin The Ilustrated Diccionary” que fuimos invitados a ofrecer el 13 de marzo pasado, en el magnífico Auditorio de la Biblioteca, con traducción simultánea al árabe,  la dirección de la misma organizó un precioso acto de donación del propio Diccionario y de varios lotes de libros. Lo que fue puntualmente divulgado en los medios de comunicación. Sin embargo, quiero usar la ocasión para ampliar la información sobre los distintos libros ofrecidos y, de alguna forma, tanto reconocer a algunas personas como divulgar el contenido de los mismos.

Durante una de mis prolongadas estancias en Brasil, en 2011, escribí el texto para el libro OLHARES de Roberto Galvão. Curiosamente había llegado a Brasil, la primera vez en 1995,  a través de Pastrana. Población castellana de alrededor de mil moradores, distante escasos 90 kilómetros de Madrid, donde permanecí afincadado, dedicado al diseño y elaboración de joyas en mi taller artesanal, desde 1991 hasta los primeros años 2000. Me explico, durante el seco verano alcarreño de 1993, allí conocí a los artistas  brasileños Roberto Galvâo y Eduardo Eloy, que fueron mis cicerones en mi primera visita al nordeste brasileiro. Participábamos, formando un grupo cosmopolita, en los Talleres de Obra Gráfica, con los que a modo de Cursos de Verano, la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid) celebraba el setecientos aniversario de su fundación. Allí coincidimos con Blaise Patrix (Francia), Injaï Braïma (Guinea Bissau), Alejandro Quiroga y Rodrigo Cornejo (Chile), y los españoles. Marga Llin, Isabel Moreno, Artemis Rupérez, Susana  Murias, Hilario Ranera, José Sotte, Sofía García, Rafael Amorós y Luis Ardevínez. Realizando posteriormente, en Aranjuez (Madrid), la exposición colectiva “Grafica de Aquí y de Allá” con la incorporación de obra gráfica de Eva Davidova (Bulgaria), Rafael Monagas (España), Philippe Martin (Francia), Marisa Lara (México), Jean Marc Gauthier (Francia), Moisés Finalé (Cuba), Ramiro Arango (Colombia), David Anglés (Bolivia) y Sebastiâo de Paula (Brasil).

                        De derecha a izquierda, Mohamed Hasan (Director de Documentación del Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto),  Dr. Mostafa Elfeky (Director Bibliotheca Alexandrina), Hamdi Zaki (ex-Consejro de Turismo de la Embajada de Egipto en Madrid),  con Francisco Lara.

Así, el libro recoge la trayectoria artística de Galvão, desde la vuelta de Brasil a los procesos democráticos, a mediados de los 80, cuando Galvão expone una nueva producción de paisajes, dejando atrás un periodo de pinturas figurativas, entre las que destacan sus series de payasos, que representan claramente el paso del  figurativo  al abstracto.  Son fruto de su indagación para captar la realidad de las cosas y del inconformismo ante la simple apariencia. Estas obras, de fuerte trazo expresionista, están estructuradas formalmente por una línea de horizonte que viene a definir, de una parte,  el paisaje real, el paisaje visible y, de otra, los paisajes interiores, los paisajes secretos.  El autor se muestra muy alerta en la búsqueda del imaginario colectivo y es consciente de que el tema es un pretexto a través del cual se construye el discurso y se accede a producir arte “que es una cosa más secreta”.

En la misma década de los 80, el pintor, que ha asimilado el quehacer pictórico de sus amigos Heloisa Juaçaba y Aldemir Martins, además de Barreto o Descartes, estudia y frecuenta a Chico da Silva, sobre quien  publicará varios ensayos.  Y a finales de la década su obra evoluciona hasta la más completa abstracción. De un lado, sus dibujos se plagan de infinidad de cometas geométricas, vibrantes, pues el pintor ya ha descubierto que no busca plasmar la realidad fotográfica en la pintura, sino que la pintura vibre en la retina del espectador, buscando una cierta comunicación subliminal. De otro, sus lienzos ahora netamente abstractos se muestran, a mi juicio, imbuidos de Tachismo de  la Escuela de París, posiblemente por la influencia de la obra de Antonio Bandeira e igualmente desbordados de  las cometas “arraias” (pez raya en lengua castellana).

Recordaba el artista catalán de la Escuela de París, Antonio Clavé -exiliado tras la Guerra Civil Española-, que no pocas veces había escuchado decir al mismo Picasso “il faut osez”: Hay que atreverse. De alguna forma, Galvão hace suya la expresión de Picasso; pues en un siguiente periodo, surgen bichos poblando sus paisajes abstractos, que ocupan el lugar de las cometas “arraias”. Son obras de las que parecen emerger todo tipo de bestias agrupadas, incluso aladas y marinas; seres zoomorfos que a lo largo de la década de los 90 han conformado un interesante bestiario pasando, poco a poco, a adueñarse de la tela de manera individualizada; bichos que se desparraman ocupando la mayor parte de la superficie  del lienzo.

El profundo estudio sobre la obra de Chico da Silva y la propia relación con éste pintor, considerado primitivista, pero que también bucea en las aguas del surrealismo que emanan del inconsciente, tienen una profunda influencia en este periodo; captando Galvão el sincretismo antropofágico de la tradición nordestina, común a la obra de Aldemir. Fruto de la imaginación y de las leyendas, los animales mitológicos han acompañado la historia de los hombres desde sus orígenes, convirtiéndose incluso en seres arquetípicos. Así, la aparición de seres mitológicos es común a muy diversas culturas y podemos decir que todo pueblo con tradiciones e imaginación tiene sus propias bestias mitológicas, en muchos casos relacionadas con el bien y el mal. Por ejemplo, al sur de Brasil, el pueblo Mapuche, en Chile, desarrolló una tradición muy grande de seres extraordinarios, entre los que se cuentan la serpiente alada (Piwichén), el zorro con cola de culebra (Ngurru vilu) o una oveja deforme (Wallipeñ);  Y al otro lado de América, el pueblo Azteca representó al dios Quetzal, un animal mitológico mezcla de ave y serpiente:  “Serpiente Emplumada”.  Sin olvidar las representaciones de la mitología china, hindú,  egipcia, griega, romana o del Medievo europeo (Pegaso, unicornio, cíclope, centauro, cancerbero…). Todos ellos fueron mezcla de seres que realmente existen o existieron, lo que hizo pensar en ocasiones que fuesen mutaciones genéticas, monstruos de la naturaleza e incluso aberraciones, nacidas de la confusión propia de la época antigua en que se describieron; como es el  caso de los descritos en los Diarios de a bordo de los navegantes españoles que descubrieron las costas de Ceará, allá por el año 1500, acompañando a Vicente Pinzón. O como confesara Chico da Silva a Galvão en una de sus delirantes conversaciones: “los monstruos existen, yo los he visto en el Cine”.

 Con el paso del tiempo y en una nueva evolución temática de los dibujos, pinturas y grabados de Roberto Galvão, las figuras zoomórficas pasan a mostrarse, en un paisaje vegetal, para posteriormente dar lugar, a finales de la primera década del presente siglo, a las obras de la serie “Mato Branco”, en las que desaparecidos los  animales mitológicos,  los elementos vegetales componen exclusivamente el paisaje pictórico de Galvão; manteniéndose como elementos comunes materiales, técnica y color, en una obra fruto de la reflexión y la conexión de ideas.

Alejandría, fundada en la ribera del Mediterráneo,  cerca del delta del Nilo,  por Alejandro Magno (356-323 a. C.) en el año 332 a. C. A 220 km de la capital de la República Árabe de Egipto, El Cairo. Frente a una isla donde se construyó el Faro de Alejandría,  a fines del siglo III a. C.

El  historiador Yaqut Abd Allah al-Hamaui ar-Rumi (1179-1229), menciona que Alejandro el Macedonio fundó trece ciudades a las cuales dió su nombre, aunque solo lo conservaba (en el siglo XIII d. C.) la gran ciudad egipcia.

Su prematura muerte a los 32 años le impidió disfrutar del magnífico urbanismo ideado por Dinócrates de Rodas que se inspiró en las ciudades griegas del siglo V a. C., que convertiría Alejandría en el centro de la cultura del mundo antiguo, durante la dinastía faraónica de los Ptolomeos (305-30 a.C.)

La fundación de la Biblioteca-madre. La palabra griega “bibliotheke” identificaba cualquier estante, anaquel, armario o nicho en la pared que pudiera ser usado para almacenar rollos. Incluso los rollos de papiros se guardaban en cestos y vasijas.

 Ptolomeo I (367-283 a. C.), Soter (el ‘Salvador’), que había sido un importante general de Alejandro, reinó entre 305-285 a. C., iniciando en Egipto una dinastía, de sangre griega, de la cual la famosa Cleopatra seria el ultimo soberano.

Según lo manifiesta el obispo griego san Ireneo (c.130-c.208), Ptolomeo fundó en 297 a. C., en Alejandría, la “Biblioteca-Madre”, en el Bruchión (distrito real), cerca del puerto, que sería conocida como la Primera Biblioteca, y ordeno la construcción del Faro, una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo. Desde entonces, reemplazando simbólicamente a Atenas.

Para diferenciarla de la posterior, surgida unos 50 anos después, será identificada por los especialistas como la Biblioteca-Madre. Ptolomeo II (308-246 a. C.), llamado Filadelfo (‘el que ama a su hermana’), hijo de Ptolomeo Soter, que gobernó en Egipto de 285 a 246 a. C., llevo a cabo el proyecto de su padre construyendo el Faro y el Museo (“institución de las musas”), este ultimo considerado como la primera universidad del mundo en su sentido moderno, y además compró las bibliotecas de Aristóteles y Teofrasto.

Según escribió Plinio el Viejo (23-79 d. C.) en su Historia Natural, a causa de la rivalidad de la Biblioteca de Pérgamo con la Biblioteca de Alejandría, Ptolomeo Filadelfo prohibió la exportación de papiro. Por entonces los manuscritos se escribían sobre láminas de papiros, mientras que en  Pérgamo se invento el pergamino (preparando la piel de cordero, de asno, de potro o de becerro). El pergamino era más resistente que la hoja de papiro y además ofrecía la ventaja que se podía escribir sobre ambos lados.

Por entonces, esta primera biblioteca poseía trece salas de conferencias que podían albergar a cinco mil estudiantes.

Biblioteca universal. Cuando Ptolomeo Soter creó la Biblioteca de Alejandría, siguiendo el modelo de la Biblioteca ateniense de Aristóteles de Estagira (384-322 a. C.), el gran filósofo y preceptor de Alejandro el Grande. La idea inicial era que la Biblioteca contara con una copia de todas las obras escritas en griego, pero después se pensó que era mejor atesorar una copia de toda obra de interés escrita en cualquier idioma; por último, se abandonó el concepto mismo de .obra de interés por el de conseguir un ejemplar de toda obra existente.

La Biblioteca-Hija. Ptolomeo III (ca. 282-222 a. C.), Everguetis (el ‘Benefactor’) será el fundador de la “Biblioteca-Hija” en el Serapeum (templo dedicado a Serapis, una divinidad que era una combinación de Osiris y Apis), en la Acrópolis de la colina de Rakotis, que sumara 700.000 volúmenes según el escritor latino Aulio Gelio (ca. 123-ca. 165 d. C.). Cuando los helenos hablan de volúmenes se referían a rollos de papiros, y cada uno de ellos equivalía a unas 64 páginas actuales, así que se necesitaban muchos para formar un libro. Difícilmente una obra cabía en un solo rollo. (Ricardo H. Elia, Byzantion Nea Hella).

Roma (entre 88 y 44 a. C.) estaba sumida en guerras civiles. Entre 49-46 a. C., entre los partidarios de los triunviros Cneo Pompeyo (106-48 a .C.) y Julio Cesar (100-44 a. C.), mientras, en Egipto, la dinastía ptolemaica estaba en decadencia. Hacia el año 51 a. C., el trono estaba ocupado por una reina de solo 17 anos, Cleopatra VII (69-30 a. C.), cuando Julio César llegó a Alejandría con 4.000 soldados (persiguiendo a Pompeyo, previamente asesinado por los ptolemaicos), durante la conquista de la ciudad incendió la flota alejandrina (72 naves) y el fuego se extendió y destruyó la Biblioteca. (Edward Morgan Forster, 1879-1970). Y más de 40.000 rollos de papiro fueron destruidos.

Parece ser que la Biblioteca mantuvo su actividad durante el periodo de la administración colonial romana, si bien, durante el siglo II y III d. C. la ciudad sufrió nuevos desastres y saqueos, aunque el material salvado de la Biblioteca-Madre será trasladado al edificio del Serapeum, en el sur de la ciudad, e integrado a la Biblioteca-Hija.

En 297, tras una revuelta, Alejandría fue  tomada y saqueada por las tropas de Diocleciano, tras un asedio de ocho meses, y se sabe que Diocleciano ordenó quemar millares de libros relacionados con la alquimia y las ciencias herméticas, para evitar que alguien pusiera en peligro la estabilidad monetaria.

En 330, con la fundación de la nueva capital imperial, Constantinopla, es probable que parte de su contenido fuera incautado por las autoridades imperiales y trasladado a la Nueva Roma.

También un terremoto, en  del 21 de julio de 365,  fue particularmente devastador. Según las fuentes, hubo 50.000 muertos en Alejandría, y el equipo de Franck Goddio del Institut Européen d´Archéologie Sous-Marine, ha encontrado en el fondo de las aguas del puerto cientos de objetos y pedazos de columnas que demuestran que al menos el veinte por ciento de la ciudad de los ptolomeos se hundió en las aguas, incluyendo el enclave de la Biblioteca.

El final de la Bibliotheca Alexandrina. Durante el siglo IV después de la proclamación del cristianismo como la religión oficial del imperio romano, los viejos cristianos de la Tebaida, y los prosélitos, odiaban la Biblioteca porque esta era el último reducto de las ciencias paganas. Paradójico que un siglo antes allí hubiera estudiado y formado cientos de discípulos un filosofo racional, al tiempo que espiritual, como Plotino (205-270), fundador del neoplatonismo. Cuyo aporte sobre la concepción de la realidad universal es su teoría sobre la trinidad: El Uno, el Nous y el Alma.

Durante el reinado del emperador Teodosio I (Imperio de Oriente, 379-392),  según las Crónicas Alejandrinas, un manuscrito del siglo V, fue el Patriarca monofisita de Alejandría, Teófilo (385-412), quién consiguió un edicto del emperador ordenando la demolición de templos paganos, siendo el destructor y saqueador del Serapeum, el complejo que contenía la Biblioteca-Hija, la última biblioteca de la Antigüedad.

 “Agora” (2009), la pelicula de Alejandro Amenábar, basada en la biografía de la filosofa y científica alejandrina Hipatia (ca. 370-ca. 415), hija del matemático Theon Alexandricus (ca. 335-405), ilustra con realismo y veracidad los momentos en que la Biblioteca-Hija es destruida por los fanáticos monofisitas.

Su  destrucción significó la pérdida de aproximadamente el 80% del conocimiento de la  civilización greco-helenística, además de importantes  legados de culturas asiáticas y africanas, lo cual se tradujo en el estancamiento del progreso científico durante más de cuatrocientos años, hasta que finalmente seria reactivado durante la Edad de Oro del Islam (siglos IX-XII) por sabios de la talla de ar-Razi, al- Battani, al-Farabi, Avicena, al-Biruni, al-Haytham, Averroes y tantos otros.

Bibliotheca Alexandrina, recuperada e inaugurada en 2002, (Bioblioteca-Nieta , Hamdi Zaki dixit). 1.600 años después de su desaparición definitiva, la nueva Biblioteca Alejandrina ocupa una superficie de 36.700 m2, proyectada en 1987, fue promovida por la Universidad de Alejandría junto con el gobierno de Egipto y patrocinado por la Unesco (durante el mandato de Federico Mayor Zaragoza, 1987-1999) y el Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas. Su espíritu, conectado con el de la Antigua Biblioteca de Alejandría, conmemora un momento histórico del pensamiento humano, el intento de albergar un summum del conocimiento, reuniendo las escrituras de todos los pueblos. Para hacer posible este proyecto se lanzó una llamada de colaboración a nivel mundial y muchos países (europeos, americanos y árabes, junto a la UNESCO) han contribuido con donaciones de recursos, equipos y volúmenes.

En la actualidad, es la cuarta biblioteca más grande del mundo. Contiene una de las salas de lectura más grandes del planeta, con capacidad para 2.000 personas, 2 millones de libros y capacidad para 5 millones, libros en 80 idiomas (entre los que destacan árabe, inglés y francés). A partir de ahora, también Olhares de Roberto Galvão, en portugués y español. 

Francisco Lara Mora

3 comentarios sobre “OLHARES (miradas) de Roberto Galvão en la BIBLIOTHECA ALEXANDRINA (EGIPTO)”

    1. Não deu para falar sobre as primeras xilogravuras que fiz com vc como mestre, no ano 1995, no atelier de Eduardo Eloy, nos dias em que nosso comum amigo Francisco Almeida exercitou se como vigia para ter a oportunidade de usar as instalações …, assim como o terrível acontecimento com alguns assaltantes que felizmente terminara comicamente …
      Com saudade e gratitude, forte abraço!

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