SHOKRY MOHAMED, BAILARÍN Y COREÓGRAFO

Conocí al bailarín y coreógrafo egipcio Shohry Mohamed en el verano de 1996, cuando en Pastrana (Guadalajara) celebrábamos, por segunda vez, el congreso anual Música, Arte y Mística , organizado por la Asociación Cultural que habíamos fundado a finales de 1994 y dirigido por Fernando Díez, músico y escritor que vivía en la población vecina de Hueva.

Aquel año Shokry había compartido escenario en Pastrana con la mismísima Carmen Linares, acompañada a la guitarra por Paco Cortés, la danza flamenca de Lucía y María Albarrán, acompañadas por Maruja Heredia  y Juan Habichuela, presentados por Ángel Álvarez Caballero; un concierto de sitar de Fernando Díez, danza india de Mata Prasad Mishra, acompañado a la percusión (tabla) por Vishnu Sahai; el Canto Sefardí de Rosa Zaragaoza y la presentación de la coreógrafa brasileña Dora Andrade del proyecto EDISCA, una experiencia de integración social, a través de la danza,  para niños y adolescentes  de las favelas de Fortaleza en Brasil: https://musicarteymistica.blogspot.com.es/

Shokry realizó en Pastrana, en la antigua iglesia del Convento de San Francisco (s.XV), un espectáculo de danza oriental que incluía la Danza del Candelabro. Esta Danza  estaba relacionada con celebraciones alegres, como  nacimientos y  matrimonios, y precedía a la comitiva de invitados, muchas veces acompañados de adufes y cantantes profesionales. Y el propio bailarín y coreógrafo  decía que la forma de celebrar estos acontecimientos nos recuerda, inevitablemente, las comitivas que aparecen representadas en las tumbas faraónicas:

<<Las bailarinas no colocarían las velas sobre la cabeza para dar vueltas con ellas, sino que imitarían al candelabro mismo sujetando las velas alrededor de sus ropas como los antiguos candelabros árabes de bronce en forma de cono o de rectángulo con los lados cerrados. Los antiguos candelabros árabes se caracterizan y se distinguen de los europeos, en forma de corona, porque se alumbran en la parte inferior del armazón. Muy a menudo se sitúan las velas en la parte interior, por lo que las paredes deben estar perforadas con calados de figuras geométricas exactamente igual que las celosías. La idea de que las bailarinas vistieran unos trajes con armazones metálicos para fijar en ellos las velas alrededor del vestido, parece ser que se apoya, según lo que hemos visto anteriormente, sobre bases reales. De esta manera alumbraban y bailaban al mismo tiempo moviendo las nalgas y las velas, sin que éstas alcanzaran sus ropas alejadas del cuerpo por medio de almohadones. Además de todo este aparato, las bailarinas colocaban sobre sus cabezas un cántaro con agua, un pollo o una gallina y se movían sin que se les cayera la carga.

De estas danzas no nos ha quedado más testimonio que las figuras de muñecas de barro cocido. Por medio de las muñecas de barro cocido, que se fabricaban con motivo de alguna fiesta, se han podido reconstruir algunas danzas como la de la olla, la de las velas o del candelabro y la del gallo. Existen otras imágenes de barro que representan a acróbatas o danzantes realizando diversos ágiles giros de difícil equilibrio, mientras sostienen sobre los hombros o sobre la cabeza vasijas y productos agrícolas.

Existe otro tipo de candelabro, fabricado también de barro, que está relacionado con los recién nacidos. Al séptimo día de nacimiento, se compra un candelabro de estos, se llena de agua y se coloca en una gran bandeja, rodeada de garbanzos tostados pequeños y diversas clases de dulces. Lo suele llevar una mujer mientras otra recita diversos consejos, que consisten en obedecer a los padres y ser sincero, dirigidos al recién nacido, al que previamente han colocado en otra bandeja. Los invitados, niños y niñas, bailan y cantan en torno al pequeño, al que han dejado en el suelo. Otra mujer lleva el ritmo del baile haciendo sonar la mano de almirez y, entre tanto, una joven arroja sobre las cabezas de los invitados una mezcla de azúcar y sal para ahuyentar la envidia y el mal de ojo. También se reparten entre los asistentes otros objetos que tienen la misma finalidad, espantar el mal de ojo, y son pequeños amuletos de plástico, tela, oro o latón con forma de mano u ojo con alguna incrustación de color azul.>>

En ediciones posteriores del  congreso Música, Arte y Mística recibimos varias visitas de Shokry, siempre con su compañera Rosa Martínez, también profesora de danza oriental, con quien gestionaba la Escuela de danza las Pirámides, la primera escuela de danza oriental en España, desde 1990. (http://www.egipto.com/piramides/doc/shokry.html ). Por lo que es considerado el padre de la danza oriental en España, del mismo modo que Mamhoud Reda es considerado el padre de la danza oriental alrededor del mundo, ya que fue el responsablede recopilar, junto con Farida Fahmy, los bailes folklóricos egipcios y divulgarlos por doquier.

En la historia de la danza de Bianca Surgaly se pueden ver ideas muy interesantes sobre los orígenes de la que hoy conocemos como danza del vientre: https://danzaorientalenlared.wordpress.com/author/biancaoriental/

<<Paula Lena, historiadora y bailarina argentina afirma que “La danza del vientre deriva de los ritos sociales sagrados (danzas de muerte, de nacimiento, de conexión con las divinidades, de pedidos y agradecimientos y danzas de trance) que durante miles de años se fueron desarrollando y transformando en lo que hoy llamamos Medio Oriente. De las cuevas a los templos, a las tabernas y plazas y mercados, en harenes y palacios, en casinos y escenarios, la danza del vientre de Medio Oriente tuvo su lugar. Sus ejecutantes y sus códigos cambiaron de acuerdo con el momento histórico”.

Pero ¿cómo se metamorfosearon estos rituales hasta llegar a convertirse en una forma de entretenimiento? -Los datos al respecto son escasos y vagos, pero hay quien afirma que fueron tribus gitanas las que primero sacaron esta danza a las calles y las introdujeron en el teatro. Los gitanos provenían de la India y hablaban una lengua basada en el hindú llamada romaní. Alrededor del s. V d. de C., y como resultado de la opresión local, la necesidad de trabajo y el destierro, los gitanos romanís se desplazaron a otras partes del mundo conocido. Algunos Académicos sugieren que fueron primero al oeste, a Afganistán y a Persia, y que desde allí algunos emigraron al norte, a Turquía y a Europa, mientras otros fueron hacia el sur siguiendo la costa hasta que llegaron a Egipto y otros lugares del norte de Africa. Una de las formas que tenían de conseguir alimento en su nomadismo era proporcionar entretenimiento actuando para la gente de los lugares en los que paraban.

Al tiempo que los gitanos continuaban su migración hacia el sur, hacia Egipto, las bailarinas, por una vez, se liberaron de las limitaciones en cuanto al público; las actuaciones no se celebraban solo para mujeres ya que también bailaban en público en procesiones de boda y enfrente de las cafeterías y de los mercados, donde el flujo de dinero era mayor. Llamadas ghawazee, su repertorio consistía en una mezcla de danza y música que incluía sus propios y exclusivos movimientos del torso, danzas nativas y actuaciones improvisadas con velos, palos, espadas y velas.

En algún momento entre 1849 y 1856, el baile volvió a estar permitido en el Cairo, aunque continuó la sanción respecto a bailar en público. El baile se introdujo en un entorno parecido al music-hall y así nació el baile egipcio de estilo Cabaret. A comienzos del siglo XX recibió el nombre de danza del vientre. Y en 1930 Badia Masabri (libanesa) crea el Café Badia en el Cairo, que revoluciona la danza egipcia por dos motivos principalmente: tanto las ghawazee como las awalim bailaban en pequeños sitios (en un corrillo en la calle, en el interior de una casa, en una reunión familiar…) mientras que en el Café Badia se empieza a adaptar las coreografías a escenarios grandes donde se pueden realizar desplazamientos, vueltas y giros.>>

Shokry Mohamed en su libro La Danza Mágica del Vientre comenta que “Los primeros elementos parecen encontrarse en Las Pirámides”. Afirma que “al viajar Shakara  y en el interior de la Pirámide Escalonada hay unos grabados que parecen representar una secuencia coreográfica, así que puedo certificar esta afirmación”

En la época, Shokry manifestaba que“Aunque no lo creamos, en los últimos 30 años este país no ha evolucionado mucho en cuanto a machismo. Los hombres siguen pensando que bailar es cosa de mujeres y si hablamos de belly dance la idea se intensifica. En mi academia sólo tengo cinco chicos, en cambio el número de alumnas oscila entre 200 y 210. Estos datos dicen mucho de la visión que tienen los hombres españoles de esta disciplina”.

Era una persona inolvidable, de mirada amorosa, y recuerdo que quedé sobrecogido al confirmar, en una de aquellas comidas del Restaurante El Maño en Pastrana, que cuatro años atrás había sido el protagonista de un incidente, del que yo tuve noticias por los informativos de televisión, que en el libro El crimen racista de Aravaca de Tomás Calvo Buezas, publicado por Jóvenes contra la Intolerancia (JCI), lo relata así:

Otro inmigrante, esta vez un bailarín egipcio de tez muy oscura, Shokry Mohamed, fue atacado por dos jóvenes el 22 de noviembre de 1992, en el Templo de Devod (Madrid), mientras miraba por unos catalejos. Dos muchachos —pelo muy corto, vaqueros, cazadora negra con una cruz roja en la manga— le empujaron por un terraplén, fractu­rándose las dos piernas tan valiosas para un bailarín. Shokry, nacido en El Cairo hace 41 años está casado con una española, que le había advertido “no salgas, que es muy mal día (próximo al 20-N), que están todos los fachas por ahí”.

Shokry Mohamed falleció el 20 de mayo de 2006 y su recuerdo nos acompaña hasta hoy.

Francisco Lara Mora

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